Tuesday 25 september 2012 2 25 /09 /Set /2012 16:07

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Yo te comprendo desde mi desesperación y  te curo desde mi esperanza” (Tato Pavlovsky)

 

1.  Lo simple es complejo.

Muchos años nos ha llevado llegar a esta síntesis que es nuestro esquema operativo: Los Cuatro Pasos. Inicialmente teníamos esquemas muy complejos porque creíamos que era más científico. Después llegamos a la conclusión que lo más científico es lo más simple.

Pichón decía que la vida ya es bastante complicada como para complicarla más al explicarla. Si de algo sirve la ciencia es para simplificar, sintetizar y ayudar a entender.

En el caso de las crisis es útil para operar rápidamente. Este esquema operativo organiza las técnicas en cuatro pasos.

 

2.  Esquema operativo de crisis.

Toda asistencia con el modelo de crisis puede dividirse en cuatro etapas. Cada paso lleva al siguiente en una sucesión necesaria, no es conveniente pasar al siguiente sin resolver el anterior. Es el orden natural de todo proceso terapéutico que busque un cambio desde lo profundo de la persona. 

 

 

 

 

 

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PASO 1.  LA CONTENCION


La tarea es el sostén psicológico, conectarse con el otro. Es lo que el psicoanálisis llama transferencia y sostiene que sin ella no hay análisis posible. Es la etapa donde el paciente se siente sostenido y puede confiar. Puede aceptar la tarea de ir hacia dentro de sí mismo. Todo esto tiene que ver con una presencia que le ofrecemos al otro, y que está expresada en una mirada y una actitud que tenemos que adiestrar, como operadores, que debe ser aceptadora y a la vez atenta, ni persecutoria ni distante, la mirada y escucha que tiene cada uno, y eso debe ponerse al servicio de ayudar a otro para que él se pueda mirar a sí mismo.  La primera etapa de la contención es, entonces, la resonancia emocional, y se llama empatía. Es el momento de la identificación con el otro, para que el otro sienta que vos estás resonando con él. Vos te conmovés, no demasiado, y lo mirás con cara de que lo entendés; es decir, te ponés en el lugar del otro. Si el otro viene con miedo, vos evocás tus propios miedos para comprender los miedos del otro., y si está triste, con tu tristeza. Nuestro instrumento para curar son nuestras propias experiencias que tenemos que poner al servicio de esa tarea tan delicada que es el proceso de ayudar a otro.


Ej. (Tanto es así que, en los momentos agudos de angustia, hay una técnica que se ha usado después de la explosión en la AMIA, que se llama "maternaje", que consiste en abrazar para que el otro reconstruya los límites corporales, ya que en cualquier experiencia traumática muy brusca, la persona se regresa tanto en su psiquismo que, incluso, puede llegar a perder el control de los esfínteres, o se coloca en posición fetal. El traumatismo se puede percibir gráficamente por la posición de la persona, y ahí se lo puede abrazar como a un bebé), y ese maternaje lo conecta, y  lo va trayendo al aquí y ahora, lo va conteniendo y esa persona puede ir reorganizándose.

 

 

 

 

 

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PASO 2.  LA REGRESION.


La tarea es ¿Por qué? (buscar qué le pasó). Es consecuencia del anterior. El paciente se siente contenido, encuentra un clima de escucha y se abre. Comienza a sacar lo que le lastima, algunas veces lo puede poner en palabras y otras necesita hacer una catarsis, que es una conmoción de llanto o de ira. Esto es necesario favorecerlo y no impedirlo pues detrás del desahogo viene el relato, de viajar al pasado temido acompañado por el terapeuta que lo sostiene. La angustia ya tiene un por qué.


Ej. Cualquier crisis, aunque sea neurótica, tiene estos dos síntomas que son fundamentales: soledad y paralización de la temporalidad. Veamos un caso: nos separamos de nuestra pareja, es la tarde del domingo, son las seis de la tarde, entra esa melancólica luz amarillenta… y tenemos esa sensación de que el tiempo se ha paralizado y estamos  absolutamente solos. Es el momento en el que perdemos el contacto con el otro y, a raíz de eso, perdemos el proyecto, que siempre es con otro, ya que no podemos hacer un proyecto si no es con otro, no podemos hacer proyectos con nosotros mismos, sino pensando con otro; por eso, la pareja es el primer proyecto y la separación produce esa sensación de no proyecto, porque el otro se fue con la otra mitad el proyecto.

Es como poder vomitar algo q tenemos podrido adentro…

 

 

 

 

 

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PASO 3.  LA EXPLICACION.

 

La tarea es ¿Para qué? (decidir qué quiere).


La explicación es el tercer paso se basa en que, debido a que nos fuimos al fondo, entendemos qué nos pasa. Es cuando aparece la palabra que aclara. En la etapa anterior, el perseguidor  es un monstruo confuso, y aparece como imagen ambigua y ya en el tercer paso, esto se transformó en palabras que configuran a ese monstruo, que sigue dando miedo pero no terror, y hasta podemos negociar con él. Siempre, cualquier cosa que pasa, tiene una explicación histórica, por lo que pasó antes; si hay un síntoma, quiere decir que algo pasó. Ej.¿Por qué voy a tenerle miedo a la oscuridad?, quiere decir que algo pasaba cuando era chica y mis padres apagaban la luz. Con otras situaciones traumáticas aparecen otros síntomas, como impotencia, fobia, alergia...Es la continuación del anterior pues de la emoción confusa (a veces en imágenes desoladoras) se pudo llegar a las palabras que colocan las imágenes internas en el espacio simbolizante de la cultura, se categoriza lo ambiguo, lo confuso y se puede transmitir. Con esta operación es posible hacer circular ese mundo interno, antes incomprensible. Los monstruos tienen nombre y los podemos controlar, es la etapa de construir un proyecto de vida, se elige el para qué. Ninguna operación terapéutica te quita la desgracia, pero sí te quita la confusión. Lo importante es que cuando se ve la explicación sobreviene un alivio: "Ahora entiendo por qué me pasa eso”.


La explicación, también, permite organizar el proyecto de vida, y hacer un proceso en sentido opuesto al de la regresión, la progresión, y que consiste en generar un futuro, para continuar esa historia que me empuja desde el pasado.


Pero, ¿con la explicación sola nos curamos? No. Hace falta un cuarto paso que es el cambio. Si entendiste y no cambiás,  sos un paciente esclarecido. “Sé todo sobre  mi Edipo ya, después de diez años de terapia” “¿Y…¿te casaste?”  “No, vivo con mi mamá”. O como el que se meaba en la cama: “¿Qué tal?”  “Ahora sé por qué me meo”, “¿Y tu mujer?” . “Se fue porque  seguía meándome en la cama…” Fue al pedo, entendió todo, se explicó todo, pero  no creció.

 

 

 

 

 

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PASO 4.  EL CAMBIO.

 

  La tarea es ¿Cómo? (Es ayudarle a encontrar la estrategia). Ya lo inexplicable tiene explicación, fuimos al fondo y al entender pudimos elegir por dónde seguir. Es decir logramos armar un futuro. Pero si ese futuro no lo comenzamos a caminar no vamos a superar la enfermedad que siempre es la mutilación de una función de la vida: no poder salir, no poder dormir, no poder despedirse de lo perdido, no poder…, no poder. Este último paso debe poder llevar el proyecto a lo real. Ahora que superamos la fobia a salir ¿Cómo lo hacemos? El último paso, el cambio, es: "Hacelo ya... "   A mí me gusta decirlo en plural: ¿cómo lo hacemos? El paciente elige el sentido de su vida, elige su explicación y construye un proyecto de vida. El paso siguiente es comenzar a realizarlo, es efectuar un cambio en su vida, que es salir de la paralización que genera toda perturbación psicológica; acá es donde entra el otro, porque esa realidad en que tiene que realizar su vida es una trama social, que, fundamentalmente, está sostenida por dos tareas: amar y trabajar, que se concretan en una estructura familiar y en una inserción, o rol, laboral, pero, como en toda perturbación psicológica, hay distintos grados de  desvinculación con la realidad, hay que ayudarlo en su reingreso  a lo real, lo social, y acá es importante estudiar lo que podemos llamar laboral. Ahora puede salir afuera, puede hacer algo, porque siempre la enfermedad mutila el amor y el trabajo. Había venido por que no podía hacer algo, y eso le impedía la vida, lo mutilaba. La angustia produce siempre un efecto mutilante de alguna función de la vida: no se puede querer, no se puede dormir, no se puede tener una buena sexualidad, no se quiere más la vida, algo pasa que nos paraliza y nos deja solos.


 "Está bien, te pasó esto, ya entendimos todo y elegiste el sentido de tu vida. Pero  ahora ¿cómo lo vas a concretar?, ¿cuáles son tus recursos de acción?, ¿cuál es tu escena deseada y cuál tu escena temida?". Los humanos podemos recorrer este universo a través de dos pulsiones: buscando lo que deseamos y evitando lo que tememos. Esto es muy complejo, porque muchas veces, lo que deseamos, está impedido por lo que tememos, y, a menudo, para complicar las cosas, lo bueno está debajo de lo malo. En este caso, se generan conductas que se llaman ambivalentes, se ama y se odia a la misma cosa o a la misma personalas “estrategias posibles".


Cada uno tiene recursos para organizar su vida cotidiana, su estructura familiar, y su habilidad para insertarse en la producción. Adquiere una ubicación distinta en la familia, no es más el chivo emisario y adquiere un rol, el paciente ya no acepta ser el “chivo expiatorio” de la familia, ser el tonto, el culpable, el depresivo...o sea que redefine su rol familiar En este esquema la principal operación es pasar de lo subjetivo a lo social, de lo inconsciente a lo consciente, pasar del paso dos al tres. Pero entonces ¿por qué tiene un primero y un cuarto? Porque el primero y el último constituyen la entrada y la salida. Contenemos para preparar el viaje al pasado, para buscar el hecho traumático, luego volvemos y organizamos el futuro.

 

Este esquema lo podemos ver como una cajonera con cuatro cajones, en cada uno guardamos técnicas. En el primer cajón está la contención (que incluye la identificación y la disociación) en el segundo están las técnicas regresivas que llamamos máquinas del tiempo: Ensueño Dirigido y Psicodrama Gestáltico. En el tercero está lo que permite organizar un proyecto de destino (historia infantil, guión de vida, la escena cero, historia familiar) y en el último las estrategias de acción (reinserción en la familia, nuevas capacidades laborales, y también la funcionalización de la perturbación).


Este esquema operativo es muy estructurado porque las situaciones de crisis son muy confusas, hay que tener un esquema claro porque el campo va a ser oscuro.


El esquema no sirve para ser un terapeuta de crisis creativo o brillante pero esencialmente sirve para no cometer errores. Si trabajamos ignorando el primer paso vamos a operar sin protección psicológica, sin anestesia la persona no nos va a confiar su dolor. Ahora, si salteamos la contención y la regresión vamos a dar una explicación autoritaria, que no pasa por lo profundo de la identidad de la persona, no respetaríamos su destino. Y si ignoramos los primeros tres y exigimos un cambio desde lo que nosotros decidimos, vamos a usar el método de “cambiá o te rompo la cabeza”, o uno más suave “cambiá si no quedás excluido” que es la filosofía terapéutica de las terapias conductistas norteamericanas que ensayan con ratas para después “ratizar” al paciente para lograr una dócil obediencia.  

 

 

 

 

 

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3.  Abordaje.


La decisión respecto a qué abordaje vamos a utilizar es anterior a comenzar la tarea. Primero debemos observar “cómo viene la mano” porque puede ser que el caso no sea para mí. Que, por ejemplo, sea un problema orgánico que necesite de un médico o un tema policial en una situación de riesgo físico.


Si hemos comprobado que es una crisis psicológica debemos elegir la estrategia operatoria más adecuada. Por ejemplo en una escuela con una nena abusada sexualmente... ¿Qué hago? ¿La llevo afuera? ¿La contengo en la clase? ¿Postergo? ¿Actúo inmediatamente porque la mano viene muy rápida? Después entramos en el procedimiento, elijo uno de ellos. Al final debo elegir una resolución ¿Cómo lo hago? ¿Qué le digo? ¿La mando a la casa? ¿Cierro la intervención?... ¿Le digo que se quede? ¿Llamo al Juez? o ¿Le digo que mañana seguimos…?”.


Cada tanto es conveniente parar y evaluar qué estamos haciendo, ver cómo va el proceso. Uno de los peligros es contaminarse con la situación y perder objetividad. 

 


 

4.  La contención: Identificación y Disociación.  

 

Es el encuentro, el contacto a través del cual el paciente abre su dolor. Tiene dos momentos A y B.

 

El primero A es la IDENTIFICACION, donde hay que ponerse en el lugar del otro. Y así percibir los matices de una depresión, su intensidad, ver si es aguda, momentánea o crónica, si es una depresión histérica y está en una escena teatral. Sólo se lo puede entender con las propias experiencias, la operación es identificarse. Se entra en complicidad con ese mundo. En un primer momento realizamos la identificación con un mecanismo llamado empatía. Es una resonancia espontánea donde me espejo con el otro y me siento el otro. Por eso el terapeuta no puede entender ni curar si es demasiado sano o demasiado loco. Tenemos que tener una locura promedio o ser locos curados, haber tenido experiencias personales porque si nunca estuvimos profundamente tristes, no vamos a entender a un deprimido.

 

Pero no es posible quedar ahí en el pozo con el otro, por lo tanto hay otro función contraria que es llamamos B, La DISOCIACIÓN. No significa que emotivamente me separo del otro, es un recurso instrumental, viene del psicoanálisis. El operador toma distancia psicológica y lo ve desde afuera. No es que me desentiendo sino que me separo para saber cómo opero con esa persona. "¿Es una depresión grave? ¿Es una manipulación psicopática? ¿Es una escena de base histérica? En el caso de tener una conducta autoagresiva tengo que poner límites y si está confundido no lo puedo dejar ir a la calle porque puede tener un accidente.


Hay que atender las señales latentes, hay que escuchar no tanto lo que dice sino cómo lo dice, la entonación. El cómo se dice es lo que contiene el verdadero mensaje profundo... Hay que escuchar los matices del lenguaje del otro.


En síntesis hay que tener el corazón caliente para entender al otro y la cabeza fresca para saber qué maniobra hacer para ayudarlo. En el momento A, recurrimos a nuestro núcleo histérico de la empatía, y también al núcleo depresivo que nos permite acceder a la intimidad del paciente. En cambio en el momento B utilizamos el núcleo esquizoide que permite la distancia y objetividad.


Además debe encontrarse la distancia óptima para esa persona, si estamos muy lejos puede sentirse desprotegida o si estamos muy cerca puede sentirse invadida.

 


 

5.  La escucha.


Lo primero que tenemos que lograr es el encuentro dialógico y para eso tenemos que saber escuchar. Creemos que escuchamos pero en realidad no lo hacemos, porque cuando contestamos, a veces, nuestra respuesta no tiene que ver con lo que dijo el paciente, nos debemos dar consejos ni retar. La escucha se hace con todo el cuerpo, también con la mirada que no puede ser inquisidora (policial) porque hace que el otro se cierre más. Tampoco debemos dar la impresión que el otro no nos interesa (con la displicencia del empleado de una oficina pública). Tiene que haber una escucha y una mirada especial que acepta al otro como es. A veces la persona nos puede desagradar o asustar, tenemos que controlar eso y aceptarlo realmente; no simular que se lo acepta, porque una persona angustiada lo percibe, tiene la sensibilidad de un chico, está dependiente y asustada.


La escucha debe ser aceptar lo que el paciente dice, no pretender que nos diga lo que queremos escuchar. Si nos dice: “Me siento muy triste” no podemos decirle: “Bueno, está bien, tranquilizate, ya se te va a pasar…” porque el otro va a sentir que lo dejamos solo y ni siquiera lo acompañamos en su angustia. 

 


 

6.  Resonancia emocional.


Es muy importante tener en cuenta la resonancia emocional. Es lo que en técnica psicoanalítica se llama contratransferencia.  Debemos preguntarnos: ¿Qué me pasa con lo que le pasa al otro? Porque puedo asustarme, enojarme o deprimirme. Cuando el otro está angustiado nos “carga” con algo que debemos percibir cómo resuena en nosotros para controlarlo. Frente al caso de un abuso infantil fácilmente podemos indignarnos y lo que menos necesita una nena en esas condiciones, es una persona enojada frente a ella. El operador se puede deprimir, quedar paralizado, indiferente o ponerse llorar. Debemos conocer nuestros puntos ciegos, nuestras escenas temidas para poder controlarlas y no perturbar la intervención.

 


 

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7.  Vomitar recuerdos podridos. 


Cuando el nene dice: “Voy a vomitar, ¿qué hace la mamá? trae la palangana y le sostiene la cabeza (como forma de contención) porque para él es una experiencia desagradable. La madre mira atentamente lo que comió y busca lo que le hizo mal. El terapeuta debe hacer lo mismo.


El paciente no relata cosas agradables, lo hace en forma entrecortada, lo puede decir llorando, a veces cuenta historias muy violentas, habla de su infancia. Entonces el terapeuta con su palangana imaginaria va juntando las escenas que vomita el paciente y con esto descubre qué le pasó. Se pueden “comer” experiencias muy dolorosas que al no elaborarse se pudren adentro y “dan mal olor”, es decir son síntomas que nos pudren la vida.

 


 

8.  Contención corporal (relajación muscular).  

     

El último grupo de técnicas de contención se basa en la simultaneidad de músculo-emoción, estudiada en la terapia de Wilhelm Reich que incluyó lo organísmico en la psicoterapia. Con métodos de relajación entramos al problema por la “puerta de atrás” (la del cuerpo) para ir en ayuda de la conciencia perturbada; no se utiliza exclusivamente la “puerta del frente”, que es la palabra. Esta simultaneidad está condicionada por siglos de evolución; ante el peligro el animal-hombre debía contraer la musculatura para la acción de huida o ataque. No existe emoción de miedo a nivel de la conciencia, sin que simultáneamente haya contracción muscular. Actualmente son comunes las situaciones de estrés que mantenidas por tiempo prolongado conducen a contracciones crónicas y finalmente a daños corporales.


Ante un cuadro de crisis aguda, es conveniente utilizar alguna técnica de relajación como el entrenamiento autógeno de Schultz, técnicas manuales o químicas con efectos hipotónicos destinados a bajar el tono muscular.


Es necesario señalar aquí una contraindicación de la relajación muscular: cuando la contracción masiva tiene por fin defenderse de una desintegración psicótica del yo, conviene encontrar antes junto con el paciente alguna otra defensa contra la fragmentación del yo (el brote esquizofrénico) para luego lograr la relajación.


La relajación muscular como técnica de contención es la más antigua ontogenéticamente, pues no es ni más ni menos que el abrazo y el acunamiento de la madre ante el pánico infantil, abrazo que es simultáneamente, encuentro y relajación organísmica.

 


 

9.  La historia familiar.


Comprende tres generaciones: la de los abuelos, la de los padres y la de los hijos. Intenta detectar los temas no resueltos, las situaciones inconclusas que pasan como un “paquete generacional” de abuelos a padres y de estos a los hijos. Pichón Rivière decía que en toda familia hay un secreto (en general relacionado con lo incestuoso, lo psicótico, con una muerte o con un aborto) que genera culpas ocultas que rebotan como síntomas dentro de la red histórica de abuelos, padres e hijos. El esclarecimiento de este secreto familiar es esencial para resolver y entender los síntomas del miembro considerado o elegido como “el enfermo”, llamado por Pichón Rivière el “chivo emisario” del grupo familiar.


Además cada familia elabora un mito, una explicación de su historia, de su origen que también indica el desarrollo futuro y permite evaluar un pronóstico familiar. Este mito sirve para ocultar lo vergonzoso y los aspectos psicóticos del grupo. El secreto familiar muchas veces es lo contrario a lo que se dice. Pueden decir: “¡Cómo te esperamos, Pepito!”  pero en realidad el hijo fue rechazado por ser resultado de un embarazo accidental.

 


 

10.  El niño fantasma.


Este aparece cuando existieron momentos importantes de la infancia que han sido traumáticos y no elaborados. Como consecuencia se conserva internalizado en la persona un niño encapsulado, no integrado a la personalidad adulta. Se trata de un yo-sido no digerido. Resulta notable cómo es posible la conexión con este niño fantasma mediante técnicas como el ensueño dirigido o los diálogos gestálticos. Se llega a un nivel de reviviscencia tal, que se encuentran los dos adultos (el terapeuta y el paciente) conversando imaginariamente con el niño, explicándole lo que sucedió en la infancia, que por traumático no pudo ser comprendido. La sensación que se tiene es que el adulto creció alrededor del niño, englobándolo. Por mi parte, más que psicólogo a veces me siento pediatra, pues con frecuencia tengo la impresión que un adulto me trae imaginariamente a un niño psíquicamente lastimado. Y en el caso de algunos pacientes, en tanto no se me configure ese niño angustiado, confundido y abandonado, no logro “pescar” la intimidad del sufrimiento de la persona adulta.

 


 

11.  La historia infantil.

 

Con las primeras experiencias se comienza a configurar la historia personal. En esa época se imprimen las matrices de vínculos, roles y lugares que van a ir configurando los primeros yos, las capas más íntimas e la identidad.


Toda terapia profunda comienza por explorar los recuerdos infantiles. Allí estará la clave de lo que actualmente no se entiende. Es el momento arqueológico del trabajo terapéutico donde también será útil la capacidad deductiva del terapeuta-detective (es el momento de Sherlock Holmes) que propone hipótesis para unir indicios que reconstruyan lo que sucedió allá en la lejana historia del paciente. Esta historia no es sencilla de encontrar pues muchas veces se encuentra oculta, tapada por una “historia oficial” de los sucesos infantiles construida por padres y parientes. Esto es muy común en la clase media, cultura donde coexisten siempre dos planos, lo que sucedió realmente y la lectura encubridora desde las normas adaptativas.


Un planteo esclarecedor y muy operativo en la práctica terapéutica es el concepto de guión de Eric Berne, el dice que cuando se gesta un niño, los padres comienzan a proyectar sobre él un guión, a proponer cómo será su vida y en el momento de nacer, ese guión comienza a serle transmitido. Los padres ven en el hijo una nueva oportunidad de lograr lo que no pudieron hacer en su vida, esto a veces causa problemas porque lo deseado por los padres puede resultar disfuncional en la generación del hijo.

 

 

 

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12.  El personaje complementario.


Toda matriz vincular necesita dos componentes complementarios, si uno reprocha el otro siente culpa; si uno ataca el otro huye, el masoquista necesita al sádico y el sometido un sometedor, de lo contrario el juego no es posible. Por todo esto, cada uno de nosotros necesita su personaje complementario. El asunto se complica y se pone confuso cuando el personaje complementario real desaparece (se va, se muere) y se lo introyecta (lo mete imaginariamente dentro de sí). Por ejemplo una madre agresiva y controladora, puede internalizarse en el hijo después de la separación física mediante una hipocondría que lo llena de síntomas físicos.


Además, aferrarse al personaje complementario tiene por finalidad no perderlo, en el caso de nuestro ejemplo, sirve para poder seguir aquel diálogo tan conocido de la agresión y el control, ese hombre puede luego buscar una mujer agresiva y controladora (de vuelta con mamá…).

 

13.  El cambio.


La última etapa de toda terapia es que esta modifique la vida real. Si esto no sucede el enfermo será en el mejor de los casos un enfermo esclarecido, pero enfermo al fin.

Debemos advertir al paciente que la curación tiene su precio, que tiene que estar dispuesto a pagarlo, tiene que resignarse a la pérdida de los beneficios secundarios del síntoma, esto es, a todas las ventajas que se le concedían por estar enfermo.


Cuando el paciente se cura se transforma en alguien más sociable. Un obsesivo se transforma en un muchacho ordenado, una depresiva se transforma en una chica profunda y reflexiva, un paranoico, en un muchacho precavido, no cambiamos totalmente, la terapia no hace milagros, baja lo que perturba, quita el exceso. Cada uno de nosotros tenemos la locura para un lado, unos son más introvertidos, otros extrovertidos, otros son más histéricos o más obsesivos. La enfermedad es la exageración de una función psíquica, la salud no es la perfección, una cara perfecta es lo más aburrido que hay, siempre un rostro tiene asimetrías, esa es la gracia, su singularidad, esto lo digo para que no crean que la salud es planchar al otro, es más bien sacarle las arrugas más molestas.

 


 

14.  Nueva inserción social.


Una vez recuperada su autonomía por el proceso terapéutico, el mismo paciente es quien debe decidir el momento del alta cuando sienta sus nuevas posibilidades de vida. Recurrió a la terapia porque había algo que no era capaz de hacer: Salir a la calle, devolver una agresión, permitirse el placer sexual, llorar a un muerto querido, etc.


Continuar la terapia más allá de este punto sería entrar en el juego del “terapeuta-muleta”, según nosotros lo concebimos, esto ya no es terapia sino una rama de la ortopedia.


Como cada caso es distinto, la tarea de ayudar al mejor ajuste social del paciente dado de alta constituye un desafío a la imaginación tanto del terapeuta como del paciente. En la cultura popular hay un término exacto para esta acomodación “el rebusque” que se debe encontrar para funcionalizar la perturbación ¿El fóbico de bibliotecario?; ¿El insomne de sereno?; ¿El epileptoide en una empresa de demolición? ¿En qué medida corremos el riesgo de fomentar el síntoma del paciente y en qué medida ayudamos a su socialización?. Esto debe resolverse en cada caso.

 


 

15.  Encuadre.  


Respecto a reinstalar el encuadre terapéutico, citaremos un libro de Jay Haley donde cuenta el caso de una terapeuta que tenía un grupo de pacientes psicosomáticos con problemas graves. Un paciente le dice “doctora, qué piernas bonitas tiene…”, con lo cual la sacaba del rol de médica y la colocaba en el de mina a seducir, con esto se resistía al tratamiento. Entonces ella dijo: “Mire yo no sé si es verdad lo que dice usted, es probable que yo tenga piernas bonitas pero usted viene acá a curarse de sus hemorroides no tan bonitas y los trastornos que le trae esa somatización”. Eso se llama re-encuadrar el rol. Lo hizo volver a su problema.

 


 

16.  Etapas progresivas.


Pichón decía que para empezar cualquier tarea terapéutica siempre hay que dar vueltas antes para poner el grupo en funcionamiento, es la pre-tarea. Muchas veces se empieza con temas intrascendentes. Supongamos que marido y mujer están en conflicto, tienen que decirse algo muy importante. Van al bar pero no van al grano enseguida. Se preguntan: "¿Qué tal, cómo estás? Qué frío hace. ¡Qué linda ropa te pusiste!". Parecen boludeces, pero eso va preparando el terreno para entrar en tarea. Si apenas se sientan ella dice: "Mañana me voy con Ricardo", sería muy traumático. Mejor empezar despacio…” ¿Te acordás que el mes pasado fui al cine con Ricardo?…”.

 


 

17.  Supervisión. 


Siempre que uno está operando debe tener de alguna manera, un grupo de supervisión. No trabajen solos, se van a cargar. Cada persona tiene un punto ciego que es su escena temida y no la percibe, ahí es donde se va a confundir y van a operar mal. Nosotros en nuestras comunidades nunca trabajamos sin tener detrás un grupo para charlar, ni aún cuando hacemos intervenciones individuales. Lo llamamos el service. En el Bancadero los equipos terapéuticos tienen una reunión de cierre donde uno le puede decir a otro “a mi me parece que te identificaste demasiado con ese paciente, trabajá eso porque si no te lo vas a llevar a tu casa”.

 

talleres de psicología social.

 

 

 

Las ilustraciones fueron seleccionadas de la obra de Ricardo Garabito.

Por Norma Españón. - Publicado en: Coordinación.
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La silla del coordinador es un sitio que alberga contenidos y materiales de Psicología Social. Está diseñada como una Biblioteca virtual polifónica abierta a todas las voces. Es una estantería desordenada y despareja. No es completa ni abarcativa. Pretende ser una herramienta colectiva de trabajo para el abordaje de algunas de las problemáticas de la Psicología Social y nada más.

 

Se convoca a colaborar y enviar trabajos propios y de distintos autores a lasilladelcoordinador@gmail.com.

 

 

 

Algunos textos y autores recopilados en la Biblioteca.

 

Roberto Romero.

- Grupo, Objeto y teoría - link link link link

- Un modelo de objeto teórico - link

 

 

Armando Bauleo.

- La escisión de la Asociación Psicoanalítica Argentina, de 1972. "La enfermedad es el capitalismo". Revista Primera Plana, Mayo 1972. - link

- Acerca de "Ideología, grupo y familia". Resumen. - link

- El proceso de aprendizaje grupal - link

- "Coordinar un grupo no es liderarlo" - link

- Problemática grupal - link

- Grupos Operativos - link

- Entrevista con Armando Bauleo. - link

- Ensayo sobre el grupo - link

- La Empiria poética - link

- Las redes de microsolidaridad - link 

- Aprendizaje y comunidad - link

- Un comentario sobre la desinstitucionalización - link

- El grupo operativo - link

- Problemas de la psicología grupal (el grupo operativo productivo) - link

- Contribuciones de Armando Bauleo al concepto de grupo. Thomas Von Salis - link

- Entrevista con Armando Bauleo – link

- Acerca de “ideología, grupo y familia”- de Armando Bauleo - link

- Sujeto-Institución. Una relación imposible - link

- Psicoanálisis - Política - link

- Efectos del proceso grupal - link

- La interrogación como método - link

 

 

Eduardo Pavlovsky.

- Las escenas temidas del coordinador de grupos - link

- Poroto enseña la ciencia de la huida - link

- Poesía - link

- Resistencias del director de psicodrama - link

- Dos estares del coordinador - link

- Un caso de multiplicación dramática en grupos - link

- Sobre dos formas de comprender del coordinador grupal - link

- Terapia y existencia - link

- Lo fantasmático social y lo imaginario grupal - link

- Qué hacemos con lo que sabemos - link

- La poesía en psicoterapia - link

- Psicoterapia, psicodrama y contexto socio-político - link

- Sobre Psicoanálisis y Poder - link

- Apuntes sobre el cuerpo del actor - link

- Las identidades fragmentadas. La mayoría silenciosa es sensible al discurso del poder - link

- Por una ética de la enunciación - link

- La multiplicación dramática - link

 

 

Adrián Buzzaqui Echevarrieta.

- El modelo grupal pichoniano - link link link link link link link link link

- El campo grupal - link link link link link link link link

- La función de los coordinadores - link link link link

- Grupo, Tarea y Coordinación - link

 

 

Horacio Foladori.

- La verticalidad del coordinador del grupo - link

- La concepción de liderazgo en Pichon-Riviére - link

- El grupo operativo y su concepción de la Psicología Social. link

- Notas sobre lo grupal y lo político - link

- Los orígenes de la grupalidad - link

- Acerca de cómo se instala un grupo operativo - link

- El grupo como alternativa antiglobalizante - link

- La concepción del liderazgo en Kurt Lewin - link

- La institucionalización del pensamiento - link link link link link

- Teoría de la fisura en las instituciones - link

- Estructura y dinámica familiar. El poder en la familia - link

 

 

Norberto Lipper.

- El psicoanálisis como herramienta para los psicólogos sociales - link link link link

- La Crónica de Observación - link link link link 

- Los miedos y las ansiedades en un grupo - link

- La Transferencia en los grupos - link link link

- El rol coordinador - link

- Teoría de la conducta humana. Aportes de la Psicología Social - link


 

Norma Españón.

- Tarea y Pretarea - link link link

- Crítica de la vida cotidiana. El pensamiento crítico - link link link 

- Las nuevas formas de agresividad social - link

 

 

Román Mazzilli.

- La actitud psicológica del coordinador de grupos - link

- El rol del coordinador de grupos - link link

- Preguntas, vínculo y subjetividad - link

- Crónicas sueltas de excluidos encerrados - link

 

 

Marcelo Percia. 

- Locuras actuales. Los cansados, los agotados y los exhaustos. link

- Lo grupal: la cuestión de lo neutro. link link

- Esteriotipia. link

- El trabajo en las instituciones. link

- Instalación política de los grupos (decepciones de Bion) - link link link

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Muchas de las ilustraciones de las portadas de los libros escogidos, fue tomada del trabajo de Mariano Carrillo "110 libros de Psicología Social". 

 https://www.facebook.com/mariano.carrillo1978/media_set?set=a.2198458926171.130622.1388203438&type=1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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