Tuesday 28 may 2013 2 28 /05 /May /2013 16:18

le mois des vendanges, 1959, oil on canvas. rene agritte. 

Le mois des vendanges, René Magritte. 

 

Este concepto de apuntalamiento es desarrollado y analizado en su complejidad por un autor actual, contemporáneo, que pertenece a la corriente francesa de trabajo psicoanalítico en los grupos. René Kaës. Kaës sostiene que el concepto de apuntalamiento es apto para dar cuenta de las relaciones entre la psiquis, el cuerpo, el grupo y la cultura. Nada menos.

 

  

 

psiquis                 cuerpo

 

grupo                    cultura


              

Kaës va a decir que la psiquis tiene dos bordes y sobre estos dos bordes se realiza esta idea del apuntalamiento:

 

- el borde que remite al cuerpo (o la biología).

 

- y el otro borde que remite a la cultura, que bien podemos denominar como el histórico-social, de acuerdo a Castoriadis.

 

Justamente lo que voy a trabajar es la íntima relación (Castoriadis diría de inherencia) que existe entre la psiquis y el grupo (o lo grupal).

 

Pichon-Rivière, en una de esas frases ultrasintéticas y absolutamente brillantes, dice que el campo de la Psicología Social es el campo de los miedos. El habla en forma genérica de dos miedos estructurales del psiquismo, que son el miedo a la pérdida de la situación anterior y el miedo a lo que me persigue, justamente por ser nuevo. Pero en este caso, cuando él decía que el campo de la psicología social es el campo de los miedos se refiere a:

 

-        miedo a la desocupación.

 

-        miedo a la miseria.

 

-        miedo a la enfermedad.

 

-        miedo a la muerte.

 

 Es una formulación sumamente audaz y una especie de brusco cortocircuito porque desde el plano de lo psíquico, de lo abstracto, pasa casi sin transiciones a hacer referencia inmediata a las situaciones estrictamente sociales. Ahí se puede ver con claridad el doble anclaje de la psicología social:

 

-  Por un lado, remite a las estructuras psíquicas, en este caso, bajo el nombre genérico de los miedos (toda la movilización de la estructura afectiva del sujeto y, por lo tanto, de su campo fantasmático).

 

-  El otro punto de anclaje es jugado desde las instituciones sociales (en este caso lo que globalmente se llaman los sistemas de seguridad social propios del Estado de Bienestar, propios a su vez de los Estados occidentales del mundo moderno). El modo como desde la sociedad civil y el Estado se instituyen mecanismos, procedimientos e instituciones respecto de la jubilación, respecto de la muerte, respecto de la enfermedad, respecto del trabajo pleno, del seguro de desempleo, etc., tienen una íntima relación y una repercusión inmediata en tanto el sujeto se apuntala, apuntala su psiquismo, apoya partes sustanciales de su psiquismo (y por lo tanto de sus dimensiones fantasmáticas, vinculadas con el desamparo, con la protección, con la seguridad, con el peligro) en estas instituciones sociales. Desde aquí podemos entender mejor este asunto del doble borde en apuntalamiento, del grupo y la psiquis en la cultura o en el cuerpo.

 

El tema es el proceso de construcción del mundo psíquico en la dialéctica intersubjetiva y en el marco instituyente para la subjetividad del imaginario social (histórico-social, para Castoriadis). Respecto de esta construcción del psiquismo en su articulación con el mundo histórico-social, como dice Castoriadis, es una relación de inherencia. Una cosa no puede ser pensada sin la otra. Y a nivel de la génesis de las estructuras, no puede pensarse en un desarrollo del histórico social si no mediara, justamente, el juego de el imaginario radical, creador del mundo de lo simbólico, de las instituciones. Y recíprocamente, tampoco puede pensarse un psiquismo que no esté constituido, estructurado, desde el polo de la institución social.

 

Subrayo entonces, que no se trata (como muchas corrientes sostienen aún) que el mundo psíquico aparece como una suerte de copia o reflejo del mundo social, del simbolismo y sus leyes. Eso sería un reduccionismo. Si uno por razones metodológicas no coincide con este abordaje reduccionista y simplificante de la complejidad de la construcción de las estructuras, hay que buscar modos de causalidad o génesis de las estructuras psíquicas que no sean recapturadas en el binarismo lineal de

 

 

desde lo social

se construye el psiquismo,

  

desde el psiquismo

se despliega lo social,

 

 

como alguna interpretación de los textos de Freud a veces permite suponer. Por momentos para Freud el mundo social sería una especie de proyección y externalización de los contenidos del psiquismo.

 

  En función de estas cuestiones el concepto de apuntalamiento trata de ofrecer una visión de la fundación, despliegue y estructuración del psiquismo que no sea ni un simple reflejo de lo social, ni tampoco algo en lo que lo histórico social intervenga como una especie de "segundo tiempo". Como si lo psíquico viniera con el nacimiento (teorías endogenistas del psiquismo: se hereda; filogenéticas, según la cual el sujeto nace con una estructura fantasmática representacional). Hay una corriente importantísima en psicoanálisis, la de Melanie Klein, que sostenía prácticamente estas hipótesis: que se llegaba al mundo con una cantidad de fantasías ya establecidas, como por ejemplo, la del pecho bueno y el pecho malo.

 

  Nuestra propuesta intenta frente a problemas complejos no adscribir a respuestas reduccionistas. Algunas teorías sostienen que para el psicoanálisis el sujeto es el sujeto del inconsciente, tal como lo estableció Freud en el basamento de su teorías. Otra teoría, va a decir que el sujeto es el sujeto de las representaciones sociales. Proponemos que un planteo no reduccionista debe definir al sujeto y no aplanar ninguna de estas definiciones debajo de las otras. Doy cinco puntos de vista:

 

 

le mois des vendanges, 1959, oil on canvas. rene agritte.

 

 

 1. sujeto del inconsciente.

 

 Es un aporte del psicoanálisis, que plantea al sujeto psíquico como escindido entre la conciencia y el inconsciente y formula también el peso decisivo que tiene en las conductas y el vínculo social la fantasía. Este núcleo del sujeto que es esa íntima relación que hay entre el deseo y la fantasía. La fantasía es como la puesta en escena, a nivel de la representación psíquica, de la realización del deseo. Y desde ese punto de vista, el deseo es algo así como el motor que impulsa a los sujetos al vínculo y hace que carguen de interés y de libido los objetos que el histórico social permanentemente le ofrece. El psiquismo está permanentemente obligado a buscar significaciones. Y es el histórico social el que presenta y ofrece las significaciones que saturen de sentido esa búsqueda. El movimiento de búsqueda de sentido va absolutamente asociado con la libidinización, o sea, el revestimiento con interés, con libido, de los objetos. Los objetos próximos y también los objetos sociales.

 

2. sujeto del trabajo.

 

  El sujeto humano se define por su relación de transformación de la naturaleza y de producción de un mundo humanizado. Es en esta relación de transformación de la naturaleza (y de producción y reproducción de sus propias condiciones de vida) que el sujeto establece una doble relación (esto lo va a decir Marx):

 

-  un polo que hace a este vínculo de transformación de la naturaleza,

 

-   y el otro polo es la relación con los otros.

 

Porque todo proceso de trabajo se realiza necesariamente en movimientos colectivos, es decir, en articulaciones en donde son las relaciones de cooperación entre los hombres las que hacen este movimiento histórico.

 

Para mostrar la importancia de anclar uno de los puntos de vista de la definición del sujeto en la cuestión del trabajo podemos ir a una situación actual. La problemática actual de la precarización del empleo y los contratos de trabajo en la sociedad moderna. Las solidaridades se construyen sobre la base de cierta consolidación de las relaciones de trabajo. La premisa del liberalismo, que postula contratar libremente los productos y la fuerza del trabajo, fue modificada por el desarrollo histórico cuando los contratos de trabajo se negociaban en forma colectiva (contratos colectivos de trabajo). Es cuando los asalariados se reúnen solidariamente para negociar en determinadas condiciones con  los patrones acerca del valor de su trabajo: sueldos, beneficios sociales, etc. Es importante tener en cuenta que este elemento es un elemento no económico y no dirigido por el mercado, sino, en todo caso, por las luchas sociales. Es un salario no puntual (sino vinculado con la seguridad) y se ganó en contra de la tendencia del mercado (que plantea que nada debe ser regalado). Ustedes saben que esto, en este momento, está profundamente en cuestión. El sueño de todo patrón es negociar los contratos uno a uno. Y este proceso social que va despojando de su colectividad a las negociaciones de trabajo tiene una trascendencia psicosocial muy grande, porque una cosa es que el sujeto pueda hacer su anclaje en condiciones grupales de solidaridad y otra cosa es que enfrente solo a las fuerzas del mercado. Las condiciones de protección/desprotección, amparo/desamparo, van a ser brutalmente diferentes en los dos casos.

 

Cuando el eje de la solidaridad se quiebra, o se precariza, y por lo tanto la solidaridad intragrupo se resquebraja, los individuos se encuentran en suspenso y se da un proceso de desligazón o desafiliación respecto de las pertenencias colectivas (dice Kaës).

 

  Fíjense estas tres palabras en la definición de un sociólogo: desligazón, desafiliación y pertenencia, que son del léxico de la psicología social.

 

3. sujeto de la crisis.

 

Es una definición antropológica, en tanto propone que lo humano es esencialmente crítico. Castoriadis plantea que el hombre es un animal loco, en el sentido del peso que tienen en el género la cuestión de la imaginación radical, la creación de mundos que son puramente imaginarios. Y lo histórico-social tiene, justamente, esta marca. No hay ninguna relación de continuidad entre lo histórico social y lo natural. Es una  segunda evolución. Pero en tanto imaginario, esto está propenso a las crisis. Muchas cosas, rápidamente o por un proceso de acumulación, pueden desacomodar y hacer entrar en crisis este plano. Pero, a la vez, esto también tiene un anclaje biológico, porque para el ser humano el nacimiento es un momento crítico que sólo se supera armando una estructura de apuntalamiento, que por definición, está propensa a las crisis.

  

Uno de los conceptos más ricos de crisis es que representa una bifurcación de caminos posibles:

 

-  hacia una nueva estructura, hacia nuevas posibilidades,

 

-  hacia el colapso, el derrumbe.

 

Y hay muchísimos puntos de encrucijada en la vida humana que tienen estas teorías: crisis de la adolescencia, crisis del Edipo, crisis de los veinte años, de los 30, de los 40...

 

La crisis del nacimiento, del despegue de la simbiosis biológica con la madre, se resuelve a través de la construcción de una estructura de apuntalamiento (y esa estructura de apuntalamiento está permanentemente propensa a sufrir crisis). Y porque hay posibilidad de crisis es que el desarrollo de lo humano es prácticamente ilimitado, sin topes estimulables de antemano, porque como es imaginario puede hacer cualquier cosa: las peores abyecciones y las más excelsas virtudes.

 

4. sujeto de las significaciones imaginario-sociales.[1]

 

5. sujeto del sufrimiento.

 

Sufrimiento, en la vinculación de los sujetos con las instituciones, dicho esto en el sentido más genérico: con la institución de la familia, de los amigos, de la escuela, de la justicia, del trabajo. Con las instituciones, porque la relación del sujeto con las mismas está siempre marcada (como dice Kaës) por:

 

-  lo demasiado. La familia puede (debe) proteger, amparar, cuidar, etc. Ahora bien, fácilmente la protección familiar puede deslizarse al plano de lo demasiado, lo que asfixia, lo que ahoga, en vez de lo que permite el pasaje hacia la exogamia. Y cualquier otra institución social puede estar marcada por eso de tener normas demasiado rígidas, que no se puede ni pensar en contra de ellas (que hay que "ponerse la camiseta", etc.).

 

- lo demasiado poco. En el sentido que, por definición, el sujeto va a buscar a las instituciones amparo y protección. Y muchas veces sucede, justamente por los avatares del histórico-social, que este amparo y protección, herederos del vínculo con la madre y el núcleo familiar de origen, muchas veces las instituciones no lo brindan.  

 

Lo cual no impide que los sujetos sigan buscando y sufran todo el tiempo, por recibir demasiado o recibir demasiado poco. Si ustedes quieren, toda intervención en el campo de la psicología social estaría permanentemente apuntando a restablecer un grado de autonomía suficiente del sujeto en relación a la institución donde está, para que en relación a lo demasiado y lo demasiado poco vayan encontrando una dialéctica de movimiento que les permita recuperarse como grupo-sujeto y no grupo-objeto de esta determinación heterónoma por parte del histórico-social.

 

 

le mois des vendanges, 1959, oil on canvas. rene agritte.

 

El concepto de apuntalamiento.

 

Apuntalamiento, es un concepto de Freud. Para Kaës, en el mismo Freud hay por lo menos tres etapas en la construcción de este concepto, que además ha sido retrabajado por otros autores, como Laplanche, el mismo Kaës y otros. Para Kaës, este concepto define un proceso o situación por la cual:

 

es una posición del cuerpo al que le falta el apoyo, y lo encuentra pasando a la vertical por la oblicua de la posición intermedia

 

 (un arbolito que se cae y le ponen una estaca que lo va enderezando hasta que crezca derecho).

 

En primer lugar, es un movimiento, un pasaje de un estado a otro. No es un estado en sí. Hay algo que falta y que se encuentra en ese mismo movimiento. Y hay algo, para encontrar eso, que funciona como intermediario. La raíz de la lengua europea es ST, que es la misma que se usa en la palabra estaca y estar. Por lo tanto, en la palabra francesa queda bien convocada esta idea de sostener con estacas lo que amenaza derrumbarse.

 

Por eso el ejemplo de la planta que aún no tiene suficiente fuerza en  su tronco y se le pone una estaca o tutor, que queda apoyando y sosteniendo a este organismo en crecimiento hasta que organiza suficientemente su propia estructura y puede sostenerse solo. De modo que lo de estaca y tutor tiene otra connotación que es necesario rescatar que es la de apoyo provisorio no permanente.  

 

El proceso de apuntalamiento siempre habla de un tiempo intermediario entre un estado de debilidad o de falencia y un estado de mayor autoestructuración, autoapoyo.

 

Hay tres momentos del concepto de Freud. El primero se refiere al pasaje (o emergencia) del nivel psíquico sobre la base del nivel biológico, y por lo tanto, se hace una idea de cómo sería la génesis del psiquismo.

 

En el nivel biológico se juegan las necesidades, las pulsiones de autoconservación o del Yo, donde se cumplen las funciones básicas de alimentación, sueño, respiración, etc. En  ese plano el objeto esencial que satisface la necesidad alimentaria es la leche. Y la satisfacción se da, por lo menos en la primera etapa, a través de lo que se llama la acción específica de la madre o del objeto auxiliar. En Psicología de las masas y análisis del Yo, Freud decía que la psicología es psicología social desde el inicio, porque en cada individuo el otro se encuentra como objeto auxiliar (o adversario). La madre ocupa el lugar de auxiliar o ayudante cuando realiza la acción específica de alimentar el bebé. Un bebé humano no puede hacer nada respecto de su propia subsistencia. Todo lo tiene que hacer el objeto auxiliar.

 

Y hay una curva que parte muy pegada a lo biológico y luego se despega, que representa el surgimiento y desarrollo del nivel psíquico. Se supone que en sucesivas experiencias de hambre y alimentación y de contacto del bebé con la madre, y el baño sonoro en el cual toda buena madre envuelve a su bebé, donde le habla, lo mira, en un intenso contacto de piel y sonidos, se producen las experiencias de satisfacción, donde se va organizando un operador fundamental, que es el concepto psicoanalítico de sexualidad. Porque cada experiencia de satisfacción de una necesidad trae aparejado a su vez la realización de un placer, este plus de placer es la sexualidad. Lo que en el plano biológico son las necesidades, en el plano psíquico son las pulsiones sexuales (lo que se  busca no es la satisfacción de una necesidad, sino el placer). Y el objeto que corresponde, si en el plano biológico es la leche, en el plano psíquico es el pecho. Hay una diferencia sustancial entre la leche y el pecho:  la leche calma el  hambre y el pecho satisface el deseo de estar chupeteando la teta de la mamá, que produce placer en la zona erógena de la boca del bebé y también en la madre (si no es demasiado reprimida).

 

En este primer momento del concepto de apuntalamiento, el apuntalamiento es esa derivación del nivel psíquico, apoyado, partiendo, del nivel biológico. Pero si bien hay una relación de homología (leche-pecho, necesidad-pulsión, satisfacción-placer) también hay un proceso de transcripción. Porque el pecho no es la leche. Y cuando uno tiene ganas de comer chocolate no es sólo porque nos falta el triptofano, que es precursor de otro neurotransmisor que interviene en los circuitos antidepresivos, sino que uno tiene ganas de comer chocolate. Y uno para satisfacer la sed toma agua, pero cuando uno tiene ganas de tomarse un tinto malbec, no es lo mismo. Tiene ganas de eso. Eso no es necesidad. Eso es deseo. El deseo es irreductible a la necesidad. El pecho es irreductible a la leche. Este es un elemento sustancial para entender el concepto de apuntalamiento. Si bien algo deriva de otra cosa, no es lo mismo. Hay un salto,  una ruptura, una especie de revolución en ese proceso de transcripción. La necesidad se sacia, el deseo se realiza. Y siempre cuando se realiza queda un menos que motoriza el movimiento permanente. Por eso decíamos que el deseo es el motorcito que hace la investidura de los sentidos y los objetos sociales. Y el proceso de lo psíquico sobre lo biológico es tal que en el ser humano si no existe la implantación y desarrollo de lo psíquico, lo biológico se muere. Los procesos de hospitalismo estudiados por pediatras y psicoanalistas, como Spitz, muestran con claridad como bebés que fueron internados en una nursery, cuidados en la satisfacción de las necesidades, si simultáneamente no hubo alguien que lo invistiera con interés psíquico, ese bebé se muere. No hay subsistencia del nivel biológico si el nivel psíquico no se instaura y desarrolla. 

 

El segundo de los movimientos que hace Freud toma en cuenta que el Yo se apoya sobre la madre y -notablemente- sobre el psiquismo de la madre. El ser humano cuando nace (y este es un rasgo compartido con los primates superiores) es prematuro. En el proceso de desarrollo de las especies, los primates superiores generaron todo un proceso de prematuración del nacido. El sujeto que nace no está en absoluto preparado para la vida. Y hay un largo período de dependencia vital con el adulto de la especie. Creo que no sucede con otras especies. Un pollito sólo necesita aprender, por el sonido, a picotear. Y picotea y ya vive. Vean la diferencia entre eso y lo que sucede no sólo con los seres humanos, también con los monos y en cierta medida con los mamíferos.

 

¿Cuánto es el tiempo de dependencia vital de un infante humano en relación a su madre? ¿Un año? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Treinta años? ¿Cuántos hay que viven con su mamá y que si su mamá no cocina o no lava la ropa no sabrían que demonios hacer? Así que ahí queda casi ridículamente claro este concepto. El ser humano nace en condición de desamparo. Hay una palabra alemana muy usada por Freud que remite a una ansiedad básica: angustia de desamparo:

 

En pelotas y en la vía,

sin nada que te cuide, nada.

Vos estás solito y el mundo es peligroso.

Difícil.

Y estás solo.

 

Esa condición de prematuración hace que el sujeto pueda ser inundado o destruido, tanto por los estímulos externos, como por los estímulos internos. Por ejemplo, el hambre, para un bebé es absolutamente desestructurante. ¿Vieron alguna vez a un bebé hambriento o con mucho dolor? Eso que parece que le pasa, le pasa. Está en una situación de crisis. Porque ese llanto representa una percepción muy rudimentaria de que está ante el peligro de un riesgo vital. Si algo no viene a calmar el hambre, a un tiempo el bebé se muere. Es allí que el objeto auxiliar (en general, la función materna) funciona, dice Freud, como barrera de protección antiestímulo. Típico de función de membrana: la membrana hay cosas que deja pasar, filtradas, y cosas que no. La madre funciona en ese sentido, filtrando magnitudes, contiene lo que es potencialmente aniquilante y lo significa. Acá recordemos con Castoriadis: el proceso de socialización se juega en y por el proceso de significación. La socialización es la entrada en el magma instituido de significaciones sociales. La madre, ante esta circunstancia vital del chico, filtra magnitudes, contiene lo aniquilante y se lo significa. En ese momento en donde significa tal vez lo mínimo: esto es hambre, esto es sueño, esto es estar mojado. Y le va clasificando el mundo, su propio mundo interno. En el mismo momento en que le filtra esas cosas le va transmitiendo, por esa especie de segundo cordón umbilical, el conjunto de las significaciones imaginarias sociales. Esta suerte del bebé en la madre, que es asimétrica, porque de un lado está un aparato psíquico totalmente desarrollado, y del otro uno que apenas está empezando a conformarse como tal, eso permite que la madre funcione como modelo (que es otra de las características del apuntalamiento: ser modelo de otra cosa) y es desde esa relación de modelo que cumple el objeto apuntalador, que en psicoanálisis se va hablar de elección de objeto por apuntalamiento. La elección del objeto sexual sobre el modelo de la madre nutricia, protectora y contenedora. Esto es algo que se ve todos los días: gente que elige a su pareja porque su pareja contiene, es tierna, cocina bien. Por algo será que una de las virtudes teologales que se planteó para la mujer occidental es que sepa cocinar.

 

Esta función materna y el estado fusional que se da con el niño. Porque es verdaderamente un estado de fusión. La madre, cuando el bebé es chiquito, tiene conectado un tercer oído al bebé: apenas el bebé hace un pequeño ruido se despierta, etc. Winnicott dice que la madre, en su relación con el bebé, entra en una suerte de locura transitoria. Locura, por el tipo de comunicación que se establece entre la madre y el bebé. ¿Cómo sabe la madre que el bebé en realidad tiene hambre y no sueño? Una buena madre, dice Winnicott, sabe. No duda. No el primer día, aclaremos. Lleva un tiempo decodificar o encodificar ese vínculo. Justamente, las madres que por alguna perturbación de su propia conformación como sujeto, la pifian, van a colaborar modestamente a construir un sujeto que va a tener después sus rayes. Porque si la madre no puedo encodificarlo, ese sujeto va a andar después un poco confundido por la vida.

 

Esta función materna con el bebé está adosada, es un continuo, con un conjunto de reglas, prohibiciones y relaciones sociales simbólicamente ordenadas, antropológicamente fundadas. Por ejemplo, cuando un bebé llora, ¿se le debe dar inmediatamente la teta, o es cada tres horas? ¿Es a demanda, o es pautándole el ritmo? Cuando se despierta cuatro veces por la noche y perturba a todo el funcionamiento de la casa, ¿qué hay que hacer? ¿Dejarlo llorar hasta que se desgañite y aprenda a no despertarse por la noche? Bien, estos son conjuntos culturales. Una madre no es solamente en el sentido de su condición biológica, sino también como sujeto socializado, que ha realizado un "aprendizaje" acerca de qué es ser madre, qué es ser una buena madre. Todo eso es cultura. La madre está metida dentro de una organización cultural: el aparato de los pediatras, los neonatólogos, los higienistas, su propio marido (que también tiene sus opciones). Por lo tanto, la madre no es una mamá abstracta sino que es real. Socializada.

 

Desde ya que aquí se da el transporte de las significaciones sociales al bebé.

 

 

le mois des vendanges, 1959, oil on canvas. rene agritte.

 

 

Cuando decimos que en la fusión del bebé y la madre, la madre tiene todo esto, estamos diciendo que eso es, claramente, un grupo. Porque tiene dos miembros corporales, tres miembros personificados (papá, mamá, hijo) y, desde el tres en adelante, todo lo del otro social que está en juego en el ejemplo que decíamos. Por lo tanto, la internalización de esta estructura, la construcción del psiquismo a partir de esta estructura en el bebé, va a ser que justamente en el sujeto psíquico naciente se construya el mundo psíquico bajo la forma de grupos internos. Entonces, va a haber una relación consustancial entre la angustia de desamparo, la relación cuerpo a cuerpo, y psique a psique, con la madre y el grupo. Y, por vía del grupo, con las obras culturales. Sobre cada uno de estos lugares que yo acabo de decir se va a cumplir la relación de apuntalamiento: con el cuerpo propio, con el cuerpo materno y sus representantes más o menos simbólicos. Porque el grupo, en un nivel regresivo, va a representar la relación de fusión con el cuerpo materno. Esto ustedes lo pueden registrar a nivel sensible si recuerdan alguna vez que estuvieron en un  grupo no familiar y se sintieron muy bien, calentitos, protegidos, comunicados, abastecidos. Ahí aparece la relación con el cuerpo materno como protector, nutricio, amparador, continente.

 

Entonces, es sobre el cuerpo propio, sobre el cuerpo materno, sobre el grupo y sobre las obras culturales (el conjunto de las significaciones imaginario-sociales), sobre estos cuatro lugares se va a desplegar la relación de apuntalamiento. Desde aquí podemos retomar lo que ustedes decían: si la relación de la madre con las representaciones y prácticas sociales, que le permiten asentar su lugar de madre, se resquebraja por algún motivo. Porque no tiene tiempo. Porque eso no quiere decir que haya quedado prescripta la corriente moral de que una buena madre tiene que cuidar a sus hijos, como representación social hegemónica vigente Por lo tanto, esto va a generar distintos tipos de malestar. Porque ahí algún tipo de apuntalamiento falla. Porque Kaës dice que el apuntalamiento siempre es doble, recíproco y habitualmente asimétrico (como es la relación madre-hijo, donde el hijo se apuntala en la madre, pero la madre también se apuntala en el  hijo, sólo que no es de igual modo y con los mismos atributos. Porque la madre se apuntala en su hijo para confirmar su lugar como mujer, como madre, para ejercer su don de generatividad, de creatividad, etc.

 

El apuntalamiento es siempre doble o recíproco, pero además siempre es en red, reticular. Y entonces, todo psiquismo va a estar simultáneamente apuntalado en el cuerpo propio, en el cuerpo materno, a través de estos sustitutos imaginarios simbólicos, en los grupos en general, en las instituciones y en las significaciones imaginario sociales. Cuando alguno de estos lugares de apuntalamiento se resquebraja puede producirse un movimiento de repliegue, sobre todo de los apuntalamientos disponibles, o la búsqueda de un proceso de creación de espacios en donde se pueda volver a construir o dibujar un movimiento de reapuntalamiento.

 

Desde este punto de vista, Kaës dice que el psiquismo es un proceso permanente de seguridad, crisis, desapuntalamiento, búsqueda de reapuntalamiento, proceso de reapuntalamiento.

 

Movimientos de cierre y apertura todo el tiempo. Desde ya que esto funciona más o menos bien (o más o menos mal) de acuerdo a la disponibilidad de apuntalamientos que existan. Eso no depende sólo de la vocación del sujeto.

 

 

le mois des vendanges, 1959, oil on canvas. rene agritte.

 

El concepto de crisis.

 

 

La crisis del nacimiento es una amenaza de riesgo vital (ya conté lo del marasmo). Castoriadis habla de la evolución de la mónada, la tríada, la fase social, y la fase de la autonomía posible. En la fase de la mónada el bebé se autoatribuye la omnipotencia, en el sentido de que el principio que ahí funciona es el de autoengendramiento. El bebé cree que la cosa se crea (o la crea él) en el momento en que la necesita. Esa estructura entra en crisis y se cae cuando el bebé se da cuenta de que eso no es así y que es la madre quien lo provee de lo que necesita. Pero Castoriadis dice que la omnipotencia autoatribuida en el momento de la mónada, es atribuida entonces a la madre. Y en este punto la madre es el amo del objeto, del objeto que podría producir la satisfacción de las necesidades y la realización  de los deseos. Este elemento es un elemento bastante importante para la psicología social porque esta potencialidad de atribución de omnipotencia al otro, como amo del objeto, es una estructura psíquica que predispone a la alienación. Uno podría suponer que toda relación de cualquier sujeto en una situación colectiva grupal con un liderazgo de cualquier tipo, sea de idea o de líder, es una relación donde se le está concediendo a ese otro idealizado ese poder de omnipotencia y de ser el amo del objeto. O sea, el que tiene la llave de la conquista de aquel o aquellos objetos que puedan producir la satisfacción de la necesidad y la realización de los deseos.

 

Esto es lo que había quedado pendiente respecto al punto de vista del sujeto del inconsciente. Porque en el inconsciente hay un conjunto de estructuras que se van organizando, una de las cuales es esta. Recuerdan que la etapa de subjetividad reflexiva y deliberante, que estaría más volcada hacia el polo de la autonomía que hacia el polo de la  alienación, es un sujeto que es capaz de cuestionar lo que se le dice y de poner en cuestión no sólo lo que dicen las instituciones sino hasta la existencia misma de esas instituciones. Pero eso implica, necesariamente, dejar de suscribir la creencia (porque esto es una creencia) en que si yo no soy omnipotente (porque la vida ya me dio tantos sopapos que ya no me la puedo creer) necesito creer que hay un otro que sí lo es. No seré yo, pero hay alguien que tiene la llave de acceso a el/los objetos que pueden satisfacer todas las necesidades y cumplir todos los deseos.

 

Este segundo momento de atribución de la omnipotencia en el otro, también entra en crisis cuando se organiza la etapa edípica y aparece el padre como limitando el deseo de la madre, en tanto él es el objeto deseado por la madre, y, al mismo tiempo, un segundo movimiento dentro del mismo Edipo que hace que el padre no sea El Padre, sino un padre entre los padres.

 

Kaës dice que la evolución de la ruptura de la fusión materna se efectúa en la relación intersubjetiva y colectiva. Y que las crisis que implican la regresión hacia formas más arcaicas (por ejemplo, fusionales en la mónada, o de atribución de omnipotencia al otro en la tríada) hace eso, pero la adaptación vital exige tomar en cuenta la realidad del otro social. Hay otro concepto en psicoanálisis que sirve para pensar esto y sirve para la psicología social, que es el concepto de angustia social. Hablamos hace un rato de la angustia de desamparo. Hay otra que es la que se produce ante la retracción amorosa de la persona de la que se depende. En tanto que se llega a perder el amor de esa persona, se pierde al mismo tiempo su protección contra todo tipo de peligros. Por lo tanto, la angustia social es algo así como una angustia (si bien en la historia es posterior) en la lógica antes de caer plenamente en la angustia de desamparo. Entonces, por acción de la angustia social uno puede seguir sosteniendo una relación (llamémosla de amor, aunque es bastante ambivalente) con aquel de quien se depende, aún cuando esa dependencia sea bastante insatisfactoria y por momentos cruel.

 

El concepto de transicionalidad.

 

La relación del puntal con lo apuntalado, del objeto apuntalado con el objeto apuntalador, es de dos elementos abiertos cada uno de ellos sobre una de sus caras y separados entre sí por lo que Kaës llama una entreapertura. Un espacio intermediario de transición apto para el pasaje de un nivel a otro, pasaje que como vimos hace un rato, requiere una transcripción. No es simplemente una copia. Las cosas no están pegadas en una situación de verdadero apuntalamiento, de  verdadera transicionalidad, sino que están separadas por una interfase donde se produce el trabajo y el movimiento de la transcripción. Este es otro modo de trabajar el concepto de lo intermediario.

 

Es importante que tengan en cuenta las características de este espacio de transición. No tiene que ser demasiado abierto, porque si es demasiado abierto no permite la esperanza razonable de que se va a tomar contacto y hacer algo con el otro. Es lo que hace un rato decíamos que se produce con el marasmo. Hay una necesidad del bebé de encontrar alguien que lo ame y el otro está tan lejos, o directamente no está, que se produce el cataclismo psíquico y el organismo biológico muere.

 

A nivel de la clínica este espacio demasiado lejano es el responsable de los procesos, o bien de psicosis, o bien de enfermedad mental muy grave. Esto tiene que ver con una escena fantasmática, que podría ser algo así como:

 

estar solo en el medio del desierto y alrededor de uno no hay nadie ni nada que se vea en el horizonte.

 

Y uno de los temas más regresivos en esta misma vivencia es ser un granito disperso en un desierto frío y árido.

 

Esta es una de las patologías del espacio transicional.

 

Y la otra es exactamente la inversa, donde no hay un espacio entre aperturas sino un contacto demasiado estrecho, una absorción mutua de los dos elementos, no hay espacio intermedio, hay sutura. En el individuo el efecto probable es la psicosis. En la clínica se comprueba que cuando una madre está demasiado encima de su hijo, se anticipa a sus movimientos pulsionales antes que estos surjan, lo despierta para comer antes que llore, lo asfixia literalmente, pero no -como se suele decir- por sobreprotección, sino por su propia necesidad de estar encima para sostenerse ella. Cuando hay perturbaciones graves por parte del adulto a veces se genera esta situación donde se produce la simbiosis psicótica. Ustedes conocerán casos donde hablan igual, aparecen idénticos. Una persona que nunca pudo nacer psicológicamente, que también implica separarse del otro que a uno le dio la  vida. A nivel de lo clínico individual es la psicosis, pero a nivel de lo social es la alienación, que sería (en términos de Castoriadis) como un incremento monstruosos de la heteronomía del sujeto. Todo lo que hay en el sujeto va a estar calcado de lo que el otro social te dice. Nosotros hemos estudiado los procesos de alienación social que se produjeron en la dictadura. Por ejemplo, en este caso como producto de la presión del terror, personas que tenían ideas no revolucionarias pero por lo menos cuestionadoras, progresistas, por efecto del terror, empezaron a decir:

 

"es cierto que en la Argentina no hay represión, no hay desocupados; los argentinos somos derechos y humanos".

 

Repetían tal cual el discurso del poder, sin la menor distancia crítica. Eso es la alienación: una subordinación acrítica y absolutamente cuerpo a tierra con los enunciados del poder, que en términos psicológicos sería el amo de la situación.

 

Estos dos polos, propios de la patología de la transicionalidad, contrastan con la transicionalidad verdaderamente conseguida, donde existe ese espacio entreapertura, porque en ese espacio se permite el juego y la creación.

 

El prototipo del objeto transicional es el osito de peluche o la mantita. Es transicional porque no es ni la madre ni él mismo. Está en el medio. Está representando el vínculo contenedor y amparador con la madre. Si uno no tiene el osito no puede dormirse. Si lo tiene se puede dormir.

 

El objeto transicional nunca se abandona del todo. Siempre está disponible. Hace poco una paciente de sesenta años pasó por una etapa de mucha angustia y una amiga le había regalado una muñeca con una pollera, que me describió muy bien. Y en esa etapa de mucha angustia la única forma en que podía dormirse era llevándose esa muñeca a la cama. Y era una persona de sesenta años que durante mucho tiempo no usó objetos transicionales. Pero el objeto transicional tiene justamente esa característica: cuando uno lo necesita sigue estando aunque uno durante años no le haya dado pelotas.

 

Winnicott dice: la experiencia cultural es una extensión de la idea de fenómenos transicionales y de juego. Al utilizar la palabra cultura pienso en algo que se hereda, pienso en algo que la parte común de la humanidad a la que pueden contribuir individuos y grupos y de la que cada uno de nosotros podrá obtener algo si tenemos un lugar donde poner lo que encontramos.

 

Es en el espacio transicional donde se puede reproducir el juego y la creación. Y la creación puede ser vinculada con el imaginario radical de Castoriadis, donde la imaginación es capaz de inventar cosas.

 

(Final de la primera parte de la clase)

 

 

Clase dictada por Osvaldo Bonano en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, junio de 1997.



[1] Nota: El docente enuncia este concepto, pero no lo desarrolla. En la Ficha Nro.6 del CFPS, Crítica de la vida cotidiana, hay una referencia más amplia a este concepto de C. Castoriadis.

 

 

 

Por Norma Españón.
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Muchas de las ilustraciones de las portadas de los libros escogidos, fue tomada del trabajo de Mariano Carrillo "110 libros de Psicología Social". 

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