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Friday 6 july 2012 5 06 /07 /Jul /2012 15:57

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  En "LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS", Freud habla de contenido latente y contenido manifiesto de los sueños. Es una de las primeras aproximaciones teóricas que hace al primer modelo de aparato psíquico.

 

 El contenido manifiesto es aquello que relata el soñante, que dice "yo, lo que soñé es..." y cuenta el sueño como si fuera una trama. El contar este sueño ya tiene como un cierto grado de deformación, porque no es lo mismo contar el sueño que soñarlo. Cuando uno sueña el sueño tiene una determinada cantidad de imágenes. Cuando uno lo cuenta, ya pasó un cierto tiempo y aunque ese tiempo sea mínimo siempre hay una importante censura y distorsión.

 

  A su vez hay otra importante censura, distorsión y transformación entre lo que uno sueña y lo que Freud llamaba el contenido latente del sueño, que es aquello que motiva el sueño, lo que lo genera. No voy a entrar demasiado en detalles acerca de la TEORÍA DE LOS SUEÑOS, pero sí en esto que lo motiva. El contenido latente, dice Freud, son ideas. Ideas latentes. Más adelante, dirá "ideas inconscientes que funcionan como motor de ese sueño". Va a decir también que estas ideas están directamente relacionadas con deseos inconscientes, deseos expresables por medio de palabras. En un sueño, en general, lo que aparecen son imágenes. Pueden  aparecer palabras también, pero lo central es lo visual.

 

  Este sería el punto de partida por el cual se empieza a hablar de lo manifiesto y lo latente y sobre esto Freud después va a construir toda su teoría psicoanalítica, no siempre hablando de manifiesto y latente sino en otros términos, los de la PRIMERA TEORÍA TÓPICA, donde habla de consciente, inconsciente y el preconsciente, que estaría ahí pivoteando en el medio. Esta sería una de las primeras diferenciaciones que tenemos que hacer entre si es lo mismo lo manifiesto que lo consciente, y lo latente con lo inconsciente. Diríamos que sí (y que no, como de costumbre...).


 

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  Podríamos decir que lo manifiesto es sinónimo de consciente, en el sentido de que alguien que expresa algo está manifestando eso que dice. Esa persona, en ese momento, es consciente de lo que manifiesta. En ese nivel podríamos decir que son sinónimos.

 

  Pero no podemos decir que sean sinónimos latente e inconsciente, porque la idea de latencia simplemente quiere decir que está oculto. Oculto para uno mismo. Puede ser que esté oculto radicalmente por medio de un tapón que se llama represión. O puede ser que esté oculto situacionalmente y que con un pequeño esfuerzo uno pueda desocultarlo. En el primer caso, hablamos de inconsciente. En el segundo caso, hablamos de preconsciente. Ambos son latentes en la medida que están ocultos. Por lo tanto, lo de latente por ahí se presta a una cierta confusión.

 

  Más adelante, cuando trabaje la posición de Pichon-Rivière, se va a notar que en un determinado momento él habla de manifiesto y latente, y dice latente en el sentido de inconsciente, pero en un sentido general (inconsciente como sinónimo de no consciente).

 

 Por lo tanto, el preconsciente también es inconsciente como cualidad en la medida que uno no se da cuenta de lo que le pasa, o de lo que dice, o de lo que hace.

 

  Es diferente del inconsciente como sistema. Sistema inconsciente significa inconsciente por estar reprimido, fundamentalmente.

 

  Los sueños, igual que los síntomas, los actos fallidos, los chistes, los olvidos y una serie de otros fenómenos psíquicos son productos psíquicos, y como todo producto psíquico, desde la lectura psicoanalítica, son una transacción entre dos aspectos, o entre dos instancias, o entre dos sistemas que están en conflicto.

 

  La noción de conflicto psíquico es fundamental para entender cualquier cosa del Psicoanálisis y también, según mi punto de vista, de la Psicología Social. Desde la Psicología Social esto tiene una lectura un poco diferente, más desde la dialéctica, que Freud no la tomaba en cuenta. Pero la noción de conflicto es clave. Freud hablaba de conflicto psíquico. En todo sueño, en todo síntoma, en todo acto fallido, hay un conflicto entre por lo menos un deseo y una o más defensas que se oponen a ese deseo. Esto también se llama conflicto defensivo.


 

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  Esto es un poco lo central del Psicoanálisis. La idea, dice Freud, a partir de lo que él fue descubriendo, es que en nuestra infancia tenemos deseos y que algunos de ellos los podemos llevar a la práctica, los podemos expresar. Lentamente y debido a las frustraciones vamos empezando a darnos cuenta que no todos los deseos pueden ser llevados a la práctica. Y el chico que al principio se maneja con el principio de placer y solamente quiere disminuir las tensiones obteniendo aquello que se desea en ese momento, lentamente y duramente (más en este país) va haciendo un aprendizaje a partir de la frustración de que no todo se puede como él quiere, en la manera caprichosa en qué quiere, sino que tiene que ir postergando y adaptándose a las posibilidades. Va pasando del principio de placer al principio de realidad, que en algunos casos implica una renuncia y en otros una postergación de deseos.

 

  Alrededor del tercero, al sexto año de vida, empieza y termina el complejo de Edipo y después viene el período de latencia. En el complejo de Edipo el chico entra en una especie de fuerte tormenta pasional donde todos los deseos se centralizan en la figura de los padres, o sus sustitutos. Y como son deseos pasionales y hostiles muy intensos, se da cuenta que para no perder a sus padres tiene que renunciar a ellos. Renuncia a ellos teniendo que reprimirlos. Por lo tanto, estos deseos no dejan de estar presentes en el psiquismo de este chico. Pero dejan de estar presentes en su conciencia. Pasan a ser inconscientes. Desde el lugar en que están desalojados siguen teniendo eficacia, mantienen su fuerza y pugnan por volver a salir. Por lo tanto, los deseos inconscientes están siempre activos. El asunto es que uno, ya saliendo de la infancia, no se permite a sí mismo dar lugar a estos deseos. Entonces se defiende contra sí mismo. Por lo tanto, estamos escindidos radicalmente por ser sujetos humanos, sujetos del inconsciente. Entonces, el conflicto es permanente.

 

  A veces estos deseos se expresan en forma más o menos directa, más o menos solapada, a través de estos productos psíquicos antes mencionados. Los sueños, decía Freud, son la vía regia de acceso a estos deseos inconscientes. También los síntomas, los actos fallidos, los lapsus, donde aparece una señal de algo inconsciente, pero siempre distorsionado por la defensa. Defensas como la negación, la proyección, la disociación, la transformación en lo contrario, etc. Los productos inconscientes son una transacción entre el (los) deseos y la defensa. Todo esto es inconsciente. Uno simplemente se da cuenta de que algo le pesa, algo soñó, de que en algo se equivocó, de que algo le duele o le pasa (y no sabe qué es...).

 

  Me introduje un poco con el tema del deseo inconsciente, que es una cuestión complicada del Psicoanálisis, tema que ha investigado Freud y muchísimo más Lacan posteriormente. Sin meterme en demasiadas "honduras", sí querría introducirme un poco en esto del deseo particular con otro concepto que es central es en este tema de la relación entre lo manifiesto y lo latente que es el concepto de fantasía o fantasma. Lo voy a ver desde los tres autores clásicos que siempre tomamos (Freud, Melanie Klein y Pichon-Rivière).

 

  Fantasía es una escena imaginaria en la cual interviene el sujeto (siempre está presente) como protagonista o como observador y vehiculiza uno o más deseos. Sería la escenificación de un deseo, la puesta en escena dramática, en el sentido de teatral. Esto sería compartida por los tres autores. La diferencia estaría en qué es lo que motiva a la fantasía.

 

  Para Freud, el deseo a su vez es motivado por la pulsión (otro concepto muy complejo que no voy a desarrollar). Según Freud la pulsión es la que da lugar al deseo y el deseo a la fantasía. Entonces, hay fantasías conscientes en la medida en que todos nosotros nos pasamos cualquier cantidad de tiempo fantaseando conscientemente (cuando imaginamos aquello que querríamos haber hecho y no hicimos, o cuando nos representamos algo que quisiéramos que ocurra y es poco probable que suceda). Todas estas cosas que nos pasan a menudo. Y cuanto más frustrados estamos, más nos dedicamos a fantasear. Pero por suerte tenemos esta posibilidad de escape, que es creativa, de no quedarse pegado a la frustración. Siempre sabiendo que es una fantasía, porque si confundimos fantasía con realidad, ya es otra cosa. Pero siempre sabiendo que es fantasía tenemos esta posibilidad. Si a su vez la fantasía consciente puede transformarse en un proyecto, fantástico. Pero no siempre se puede.


 

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  Por otro lado, estaría la fantasía inconsciente, a la cual no tenemos acceso en forma directa, pero sí podemos decir que la fantasía consciente está relacionada con alguna fantasía inconsciente (por algo fantaseamos eso y no otra cosa).

 

  Melanie Klein tiene un punto de partida diferente. Ella saltea el lugar teórico del deseo y dice que la fantasía inconsciente es la expresión directa del instinto, que el instinto se manifiesta directamente a nivel mental a través de la fantasía. Por eso una definición clásica de fantasía inconsciente es que es el correlato mental del instinto.

 

  Finalmente, Pichon-Rivière le da una vuelta bastante diferente y dice que en realidad el punto de partida no es ni el instinto (con el cual no adhiere), ni la pulsión, sino que es la necesidad, incluyendo también el deseo dentro del concepto de necesidad.

  

  Esto también es muy polémico, ya que Freud había hecho una diferencia entre necesidad y deseo. Lacan hace una diferencia mucho mayor aún. Y Pichon tiene otra conceptualización, que proviene de la dialéctica, donde el concepto de necesidad engloba al de deseo y sería este el punto de partida, la necesidad que da lugar a la fantasía. Una de las definiciones que da Pichon es que la fantasía es la estrategia de la satisfacción de la necesidad.

 

  Recurrí a estos conceptos porque para entender la relación entre lo manifiesto y lo latente hay un concepto articulador, que es el de fantasía, que permite ver qué aspectos latentes están en funcionamiento y cómo se manifiestan. ¿Por qué "cómo se manifiestan"? Porque siguiendo la línea kleiniana, que Pichon también toma, las conductas de los seres humanos estarían motivadas por fantasías inconscientes. Melanie Klein es extremista: dice que para cada conducta subyace una fantasía específica: uno ve cualquier tipo de conducta y rápidamente esto es posible de ser interpretado. Hubo una época del psicoanálisis argentino incluso, donde  estaba muy en boga la interpretación sistemática en la transferencia de las fantasías. Parece grotesco, pero cosas tan elementales como un saludo ("buen día") eran posibles de ser interpretadas...



Clase dictada en la sede del Centro de Formacón en Psicología Social (CFPS)

 

Las ilustraciones fueron seleccionadas de la obra de Pablo Picasso.

 

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Por Norma Españón. - Publicado en: Observación.
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La silla del coordinador es un sitio que alberga contenidos y materiales de Psicología Social. Como una pequeña biblioteca virtual polifónica abierta a todas las voces. Es una estantería desordenada y despareja. No es completa ni abarcativa. Pretende ser una herramienta colectiva de trabajo para el abordaje de algunas de las problemáticas de la Psicología Social y nada más.

 

Se convoca a colaborar y enviar trabajos propios y de distintos autores a lasilladelcoordinador@gmail.com.

 

 

Centro de Formación en Psicología Social (CFPS).

Directora: Norma Españón. 

 

   

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